Un sermón predicado la mañana del Domingo 5 de Mayo, 1889
“Las palabras de Jehová son palabras limpias, Como plata refinada en horno de tierra, Purificada siete veces.” Salmo 12:6
En este Salmo, nuestro texto es contrastado con el mal de la época. El Salmista se queja “porque se acabaron los piadosos; porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres.” Era una gran aflicción para él, y no encontró consuelo excepto en las palabras del Señor. ¡Qué importa que los hombres fallen: la Palabra de Dios permanece! ¡Qué alivio es abandonar la arena de la controversia para ir a los verdes pastos de la revelación! Uno siente lo que Noé sintió, cuando, encerrado en el arca, ya no vio más la muerte y desolación que reinaban fuera. Vive en comunión con la Palabra de Dios, y entonces, aunque no tengas amigos cristianos, no te faltará compañía.
Más aún, el versículo presenta todavía un mayor contraste con las palabras de los inicuos cuando se rebelan contra Dios y oprimen a Su pueblo. Ellos decían: “Por nuestra lengua prevaleceremos; nuestros labios son nuestros; ¿quién es señor de nosotros?” Se jactaban, se enseñoreaban, amenazaban. El Salmista se alejó de la voz del jactancioso y acudió a las palabras del Señor. Vio la promesa, el precepto, y la doctrina de la verdad pura, y éstos le consolaron mientras los demás hablaban pura vanidad, cada uno con su vecino. Él no tenía tantas palabras del Señor como las que poseemos ahora: pero lo que él había hecho suyo por medio de la meditación, lo valoraba por encima del oro más preciado. En la buena compañía de aquellos que habían hablado bajo la dirección divina, era capaz de soportar las amenazas de quienes le rodeaban.
Así, querido amigo, si en algún momento te corresponde estar en un lugar donde son despreciadas las verdades que amas tanto, regresa a los profetas y a los apóstoles, y escucha a través de ellos lo que Dios el Señor hablará. Las voces de la tierra están llenas de falsedad, pero la palabra del cielo es muy limpia. Hay una buena lección práctica en la posición del texto; apréndanla bien. Hagan de la Palabra de Dios su compañía diaria, y entonces, cualquier cosa que pudiera agraviarlos en la falsa doctrina de la hora, no los conducirá a un abatimiento demasiado profundo; pues las palabras del Señor sostendrán el espíritu.
Mirando al texto, ¿acaso no les impacta como una maravillosa condescendencia, que Jehová, el infinito, decida utilizar palabras? En Su sabiduría, Él ha establecido esta manera de comunicación de unos con otros; pero en cuanto a Él, Él es espíritu puro e ilimitado: ¿comprimirá Sus gloriosos pensamientos en un estrecho canal de sonido, y oído, y nervio? ¿Debe la mente eterna usar palabras humanas? El glorioso Jehová habló mundos. Los cielos y la tierra fueron las expresiones de Sus labios. En cuanto a Él, parece más de acuerdo con Su naturaleza, hablar tempestades y truenos que inclinarse a las humildes vocales y consonantes de una criatura del polvo. ¿Se comunicará Él verdaderamente con el hombre a la propia manera del hombre? Sí, Él condesciende a hablarnos utilizando palabras.
Nosotros bendecimos al Señor por la inspiración verbal, de la que podemos decir, “Guardé las palabras de su boca más que mi comida.” No conozco ninguna otra inspiración, ni tampoco soy capaz de concebir alguna que pueda ser de verdadero servicio para nosotros. Necesitamos una revelación clara sobre la que podamos ejercitar la fe. Si el Señor nos hubiera hablado por un método cuyo significado fuera infalible, pero Sus palabras fueran cuestionables, no habríamos sido edificados sino confundidos; pues ciertamente es una ardua tarea extraer el verdadero sentido de palabras ambiguas. Siempre tendríamos temor que el profeta o el apóstol no nos hubieran dado, después de todo, el sentido divino: es fácil oír y repetir palabras; pero no es fácil expresar lo que otro quiere decir, con palabras propias perfectamente independientes: el significado se evapora con facilidad. Leer el resto de esta entrada »
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